Durante décadas, las grasas fueron injustamente demonizadas. Hoy sabemos que son esenciales para la absorción de vitaminas liposolubles (A, D, E, K), la producción de hormonas y la protección de los órganos.
La clave no es eliminar las grasas de la dieta, sino seleccionar aquellas que proporcionan beneficios antiinflamatorios y cardiovasculares, manteniendo un equilibrio con el resto de los nutrientes.